jueves, 31 de mayo de 2012

LA LUNA DEL TIEMPO



Fotografía: Marisa Vegas



LA LUNA DEL TIEMPO


Mientras las cerezas besan el carmín,
la primavera se sepulta bajo su húmeda tierra.
Mayo de treinta y una lunas verdes,
espejos pulidos de campos voluptuosos.


La afilada azada del inclemente estío
sesga el erotismo de flores irreverentes.
Astro rey que habitas en las alturas,
ten piedad de la misérrima luz de la luna.


El río de los recuerdos no vividos
fluye lento entre la hojarasca ocre del ocaso.
Es el otoño de los siglos que aja al tiempo,
es el tiempo anhelando los lúbricos senos de la luna.


Noches gélidas en busca del fuego de Prometeo,
inviernos inseminando nieve a tierras áridas.
El blanco níveo es un color
cuando la noche platea la fría piel de la luna.


-¿Duermes, amor?
-No. Es el tiempo que pasa.



martes, 15 de mayo de 2012

EQUILIBRIO



Fotografía: Marisa Vegas


(Voces silenciosas V  )



EQUILIBRIO

Amanecida naturaleza,
equilibrio logrado
en el corazón abrupto
de tus cumbres.

Ni la diosa Themis
ni balanza humana
 hubieran podido llegar
a tanta justicia.

Al cielo pongo por testigo.


lunes, 30 de abril de 2012

RETORNO AL CORAZÓN DE SILOS


Fotografía: Marisa vegas


 RETORNO AL CORAZÓN DE SILOS


Tras diecinueve años desde mi última visita, he hecho una escapada a Santo Domingo de Silos (Burgos). Ruta de “la cuna del español”, ruta cuyos pasos, inexorablemente, te llevan junto a esas piedras doradas, las del Monasterio de Silos. Piedras que guardan celosamente los secretos más inconfesables de la historia, piedras que llevan talladas el calor de los recuerdos de aquellos que se acercaron a ellas y no pudieron olvidar la belleza lánguida de su mirada. Reencuentro con el tiempo detenido.

Claustro benedictino custodiado por fiel y literario guardián, por el enhiesto surtidor de sombra y sueño. Así lo miró Gerardo Diego, así lo soñó su alma sin dueño con ocasión de una visita al monasterio, así inmortalizó la savia del ciprés de Silos que fue la tinta para su soneto:


Fotografía: Marisa Vegas


EL CIPRÉS DE SILOS

Enhiesto surtidor de sombra y sueño
que acongojas el cielo con tu lanza.
Chorro que a las estrellas casi alcanza
devanado a sí mismo en loco empeño.


Fotografía: Marisa Vegas


Mástil de soledad, prodigio isleño,
flecha de fe, saeta de esperanza.
Hoy llegó a ti, riberas del Arlanza,
peregrina al azar, mi alma sin dueño.





Fotografía: Marisa Vegas

Cuando te vi señero, dulce, firme,
qué ansiedades sentí de diluirme
y ascender como tú, vuelto en cristales,

como tú, negra torre de arduos filos,
ejemplo de delirios verticales,
mudo ciprés en el fervor de Silos.


Fotografía: Marisa Vegas


Atenta mirada te lanzan los ojos del claustro, ciprés de Silos. Sesenta arcos románicos te velan desde laudes a maitines. Se oyen los lamentos de las figuras de piedra y sombra de la cara interna de las cuatro pilastras del recinto, de los discípulos de Emaús, al no poder contemplar la belleza del árbol místico.


Fotografía: Marisa Vegas


Figuras de piedra entretenidas en la Anunciación y Coronación de María. Ángeles sin ombligo que el maestro escultor allá por el siglo XII consiguió que volasen sempiternos en el frío claustro de Silos. Suspendidos en el tiempo, detenidos en un ángulo de la galería, enemigos del Ángel Caído.


Fotografía: Marisa Vegas


El cielo de Silos no es azul, es un artesonado mudéjar, vestigio de aquella Reconquista cristiana. Manos musulmanas ricamente decoraron cerca de 700 figuras y escenas de la Castilla de los siglos XIV y XV. Enemigos de fe, amigos del arte, padres todos ellos de la belleza arquitectónica y escultórica de Silos. La paz siempre se ha escrito con la pluma del arte.





Fotografía: Marisa Vegas


Claustro de doble planta levantada en tiempos del prior de San Millán de la Cogolla, Domingo, quien te restableció tu antiguo esplendor perdido bajo las razias de Almanzor y a quien debes tu nombre y apellido: Santo Domingo de Silos. Tu hermano mayor es el claustro inferior, levantado en el siglo XI y comienzos del XII, mientras que el claustro superior nació a finales del XII. Ambos tuvieron maestros diferentes que te modelaron con diferentes estilos pero que dejaron en ti las huellas de sus más exquisitas enseñanzas.


Fotografía: Marisa Vegas



Robustos y ricamente decorados son los brazos que te sustentan. 120 columnas de doble fuste conforman tu cuerpo del claustro bajo, engalanadas con los brazaletes de 64 capiteles diferentes donde la figuración y ornamentación románica no encontraron espejo que reflejara mayor belleza.





Fotografía: Marisa Vegas


Animales quiméricos, grifos, leones, arpías, centauros y aves fabulosas moran tatuados en el silencio de tus capiteles escribiendo su propia historia, sueños esculpidos del maestro escultor.


Fotografía: Marisa Vegas


Toda clase de elementos vegetales trenzan también la corona artística de tus columnas. Laborioso entusiasmo de aquel que perpetuó una belleza condenada a la eternidad.


Fotografía: Marisa Vegas


También escenas bíblicas y evangélicas escritas con la caligrafía de la piedra se detienen en tus capiteles bajo la silenciosa mirada de tu Ciprés, atento discípulo de tus lecciones figurativas.


Fotografía: Marisa Vegas


Mirándote frente a frente, Ciprés de Silos, está el campanario del monasterio, compitiendo contigo por ser la saeta más afilada que consiga acariciar ese cielo de espiritualidad. Sus campanas son las palabras indelebles y monótonas que marcan el camino de las horas de rezos de los monjes benedictinos. Enhiesto reloj de la oración.


Fotografía: Marisa Vegas


Al oeste del claustro, allá por donde el sol va buscando la noche, se encuentra la iglesia del monasterio. La paz de tus laberintos de piedra se impregna con el eco del canto de Gregorio Magno. Monjes de Silos cantando a Dios en vuestro corazón (San Pablo).


Fotografía: Marisa Vegas



Pero antes de llegar al canto, observo que un soporte central  -el único-  no está formado por fustes quíntuples, sino que el del lado norte es cuádruple y torsado. ¿Firma distintiva del maestro escultor? En mi retina se me antoja una metamorfosis del tronco de la piedra y el tronco del Ciprés de Silos: ambos compitiendo por la belleza, escultórica y natural, respectivamente.



Botica de Silos


El monasterio de Silos no solo fue un centro para sanar el alma sino también para sanar el cuerpo. Entro en la botica y rebotica. Los monjes crearon un hospital y una leprosería familiarizándose así con la Botánica. Se creó en 1705 y disponía de su propio jardín botánico, laboratorio farmacéutico y biblioteca especializada con 400 volúmenes de entre los siglos XVI al XIX.


Botica de Silos

 Se conservan 400 jarros de loza con el escudo del monasterio, anaqueles con sus tarros para las pócimas y remedios, hornos, retortas, alambiques y demás instrumentos para la alquimia. Palpo en el aire las horas de investigación y experimentación pasadas por esos monjes en este lugar, su ciencia basada en un magnífico Dioscórides de 1525 con espléndidas ilustraciones de animales y plantas, joya bibliográfica de obligada consulta par los monjes boticarios del monasterio.


Fotografía: Marisa Vegas


Salgo de la botica y tropiezo con la labor de los monjes copistas medievales de Silos. No solo perpetuaron el saber de la época sino que, amanuenses infatigables a la luz de una vela, iniciaron tímidamente el recorrido que seguiría el latín que hablaba el pueblo, el incipiente castellano, cuya primera muestra de esta lengua la encontramos en las glosas silenses (siglo X-XI) aparecidas en este monasterio como su adjetivo indica. Miniaturas y dibujos en rojo, negro y azul, fundamentalmente, ilustran los casi 160.000 ejemplares que conforman su biblioteca, solo accesibles para los huéspedes e investigadores que lo soliciten. La cultura, como en la época medieval, perdónenme, la Iglesia la sigue vetando en sus estanterías de madera como elemento de poder. Allí duermen y envejecen libros callados y petrificados como las piedras de ese claustro. Celosa de curiosidad no satisfecha, me dirijo a la iglesia.


Interior de la iglesia del monasterio

En el interior de la iglesia del monasterio de Silos la paz reposa, el silencio se escucha. El recinto sagrado permanece en penumbra, solo está iluminado el altar que espera pacientemente a esos monjes y sus partituras gregorianas. Solo se oye la voz de mi interior. El ambiente se sumerge en la Edad Media y en el más puro Romanticismo, aun más cuando un anciano benedictino nos invita a visitar los fosos de la iglesia donde se hacen excavaciones de restos arqueológicos. Desciendo por una escalera en una completa oscuridad solo violada por la luz de mi teléfono móvil. Mi imaginación exaltada me lleva al descenso a los infiernos de Dante, divina comedia. Tras observar sarcófagos de piedra, capiteles figurativos y plantas de construcciones anteriores a la edificación de la iglesia, asciendo de nuevo a ese recinto solitario y de acústica perfecta.


Antifonario con canto gregoriano


En silencio van saliendo los monjes como si lo hicieran del mundo de ultratumba,  colocándose a ambos lados del altar. El canto gregoriano va a dar comienzo. El latín no tuvo una expresión musical más sublime. Ya la primera nota haría estremecer hasta al mismo Diablo, la última, ya me ha trasportado al Paraíso.

Disfrútenlo como lo hice yo:




Todas las fotografías son de mi autoría exceptuando las dos últimas y las dos referentes a la botica del monasterio, que han sido extraídas del buscador de imágenes de Google.















jueves, 19 de abril de 2012

El manuscrito de piedra. Luis García Jambrina.



EL MANUSCRITO DE PIEDRA

LUIS GARCÍA JAMBRINA


(La fotografía del autor y los textos de la novela que se muestran en esta entrada, me han sido amablemente autorizados por el mismo autor para su utilización en este blog. Gracias Luis)


El manuscrito de piedra (2008) es una novela de Luis García Jambrina, (Zamora, 1960), antiguo profesor de Literatura de la que escribe, doctor de Filología Hispánica por la Universidad de Salamanca y profesor titular de la misma.

El manuscrito de piedra  -primera parte de una tetralogía que va por su segunda novela, El manuscrito de nieve-,  recibió el Premio Internacional de Novela Histórica Ciudad de Zaragoza 2009. Ha sido traducida a varios idiomas y fue el libro más vendido en la Feria del Libro de Salamanca cuando se publicó.

Luis García Jambrina, a través de su protagonista, Fernando de Rojas,     -sí, el autor de (parte) de La Celestina-  nos sumerge en un mundo de ficción e historia del que el lector no puede escapar hasta llegar a la última página. Y cuando llega, quiere más. A través de una prosa sencilla y amena, y cargada de referencias literarias, este zamorano nos traslada al siglo XV, al final de la Edad Media y a los primeros albores de un Renacimiento español que ya se intuye en la mentalidad de aquellos que deseaban reformas sociales, culturales, políticas y religiosas. García Jambrina conseguirá que el personaje real, Fernando de Rojas, viva, al igual que nosotros, una intrigante ficción, ya que este estudiante de Leyes de la Universidad de Salamanca y judío converso, tendrá que investigar forzosamente el asesinato de un dominico catedrático de Teología. Esto le conducirá por el laberinto medieval de una Inquisición implacable e interesada, al emergente Humanismo, a las intrigas palaciegas y políticas del momento, a la situación de los judíos, conversos y cristianos viejos, todo ello por una Salamanca oculta, mágica, real y legendaria, adornada de una tradición literaria de la que beben sin cesar las páginas de esta novela.




Luis García Jambrina

Literatura e historia se conjugan de una forma sencilla y amena, y, cómo no, la figura que pulula haldeando sigilosamente de un lado a otro del recorrido de esta novela es Celestina, personaje de la literatura universal que Luis García Jambrina lo convierte en histórico porque, con seguridad, Celestinas en su día,  habeilas las hubo.



La Celestina por Pablo Picasso


Sin ánimo de destrozarles la novela si gustan de leerla, les invito al aperitivo de estas citas que he extraído de su mismo corazón.

1497, América ha sido descubierta hace cinco años. Fernando de Rojas mantiene una conversación con Fray Antonio de Zamora, monje dominico y herbolario del convento de San Esteban de Salamanca, sobre una planta exótica recién traída de América, el tabaco. Observen lo que se dice de ella y la crítica que se hace a la intolerancia de la Inquisición con respecto a este tema y a sus bases en general. Hasta el mismo epicentro de este Tribunal religioso se tambaleaba…:

El herbolario parecía muy contento por haber encontrado a alguien con quien poder hablar a gusto de sus logros y sus aficiones.

-¿Y esta de hojas tan grandes?  -preguntó Rojas, sorprendido por la forma y el tamaño de la planta.

-Los indios, al parecer, la llaman tabaco, y tiene un uso medicinal. Una vez cortadas las hojas, las dejan secar y, cuando alcanzan su punto, las enrollan bien prietas; luego les prenden fuego por uno de los lados, mientras, por el opuesto, aspiran el humo. Según me han dicho, tiene un efecto narcótico y relajante. Aún no he tenido ocasión de probarla, pero, si es así, pienso tomarla todos los días, antes de irme a dormir.

-¿Y no teméis que vuestros hermanos os censuren o incluso os denuncien al Santo Oficio? He oído que en Sevilla la Inquisición ha encarcelado a uno de los compañeros de Colón, acusado de brujería, por exhalar el humo de unas hojas. Al parecer, los inquisidores, que son muy fantasiosos, lo han considerado demoníaco, pues dicen que solo el Maligno puede hacer que alguien eche humo por la boca. ¿No os parece ridículo?

-Amén de aberrante. Fijaos que aún no ha llegado aquí y ya la llaman la hierba del demonio, los muy necios. Y es que de los inquisidores cualquier cosa se puede esperar. Si lo sabré yo, que soy dominico. Están tan obsesionados con la salud de nuestra alma y la pureza de nuestra fe que acabarán por prohibirnos hasta dormir la siesta, para que no tengamos sueños impuros (…)

Si a nosotros nos sorprenden, lo más probable es que nos quemen en la hoguera, junto con toda la plantación, un castigo muy apropiado, si bien se mira, pues moriríamos haciendo justo aquello por lo que nos habrían condenado, aspirar humo. Pero, hasta que llegue la hora de penar, conviene aprovechar bien el momento. Estoy seguro   -añadió, tras un suspiro-   de que habrá un día en que cualquiera podrá disfrutar libremente de este pequeño placer.

Que poco sabía entonces este dominico herbolario que el tabaco sería admitido y tan hipócritamente denostado por el actual Estado inquisitorial para llenar sus arcas… La Inquisición ha mejorado en inteligencia: a los fumadores no nos llevan a la hoguera, prefieren vaciarnos los bolsillos y que nos costeemos por nosotros mismos nuestro propio sepelio.




Catedral de Salamanca

Fray Germán pregunta a Fernando de Rojas sobre el Diablo. La respuesta que da este me parece de lo más cercano a la idea de este concepto:

-Y vos ¿creéis en el Diablo?
-Ni creo ni dejo de creer. A mi parecer, este no es más que el mal que anida en todos nosotros; solo que preferimos verlo encarnado en una figura.




Cueva de Salamanca

La leyenda sobre La cueva de Salamanca según la cual en ella impartía clases el mismo Diablo y sobre la que se construyó la actual Universidad de Salamanca, también tiene un papel fundamental en la novela de Luis García Jambrina. En ella se refugiaban los perseguidos por la justicia y los que buscaban la verdad por otras vías distintas a las que toleraba la Inquisición. La Edad Media se desmoronaba. El Infierno no estaba en los subterráneos de la cueva sino en la intolerancia de la superficie como lo afirma este morador de tan mítico lugar:

-El mundo de aquí abajo    -continuó-,    cuando se le conoce, es más sencillo que el de la superficie, ya lo veréis. Dejadme que yo sea vuestro Virgilio en estos lares. ¿Habéis leído acaso la Commedia de Dante?

-La he leído, sí   -respondió tímidamente Rojas.

-Pues os será de gran ayuda en este sitio. Con esto no pretendo asustaros, ni mucho menos. Se trata solo de una analogía. En los tiempos que corren, el infierno está más bien ahí fuera, en los tribunales y las hogueras de la Inquisición. Aquí abajo estamos los bienaventurados, los perseguidos por causa de la justicia y los que buscamos la verdad por otras vías, en medio de tanta mentira y fingimiento. Es el mundo al revés, ¿no os resulta gracioso?   -le preguntó a Rojas, con tal vehemencia que este no tuvo más remedio que asentir-. 







Cueva de Salamanca


Reuniones clandestinas bajo esta cueva, de catedráticos, incipientes humanistas y de todo aquel que sabe pensar por sí mismo, provocan discursos como el que hace Fernando de Rojas sobre los judíos conversos en particular  -expulsión de los judíos en 1492 por los Reyes Católicos-  y sobre la necesidad de la unión de clases para acabar con la intolerancia, en general, especialmente, inquisitorial:



Hogueras y torturas de la Inquisición


-Cuando, hace cinco años, expulsaron a los judíos de Castilla  -continuó Rojas sin inmutarse-,  ninguno de vosotros, que yo sepa, movió un dedo o levantó la voz. Tampoco lo hacéis ahora, cada vez que, en vuestra misma calle, detienen a un converso por el mero hecho de ser sospechoso de judaizar. Así que no os extrañe si pronto sois vosotros los que sufrís en el tormento, os consumís en la cárcel o ardéis en la hoguera, acusados de herejía, apostasía o traición. Porque, lo queráis o no, todos vamos ahora en el mismo barco. Y si ayer arrojaron por la borda a los judíos y hoy expulsan por la sentina a los conversos, mañana seréis vosotros, los descontentos, los que iréis a parar al fondo del mar. Y entonces, oídme bien, ya no podréis cerrar los ojos ni mirar para otro lado, pues estaréis muertos y convertidos en cenizas.


Sin ánimo de hacer política, las cosas no han cambiado mucho desde entonces. El “divide y vencerás” es la máxima con más éxito de nuestros gobernantes. Esos “descontentos” de la novela tienen un claro espejo en determinados grupos de protesta social que han surgido últimamente.



Educación del Príncipe Don Juan, por Salvador Martínez Cubells


Monarquía, nobleza, Iglesia y pueblo, también se pasan por el tamiz. ¿Es necesaria la monarquía? No crean que esta es una pregunta actual, siempre ha existido y siempre se ha llegado a la misma conclusión: la monarquía solo beneficia a la nobleza y a la Iglesia. Los cristianos viejos solo son el instrumento para poder mantener a estos estamentos mediante impuestos abusivos, ahora y antes. En esto, tampoco hay mucha variación. Don Juan de Castilla y Aragón, hijo de los Reyes Católicos, también será materia literaria de García Jambrina:

-¿Y qué me decís de vuestras ideas políticas?  -inquirió Rojas-. Parece ser que os apoyan muchos descontentos con la monarquía.

-Como podéis imaginar, los judíos y los conversos no son las únicas víctimas de los Reyes. También las hay entre los llamados cristianos viejos. Unos porque se han empobrecido o han sufrido algún tipo de abuso; otros porque han perdido poder y privilegios; y la mayoría porque tienen que pagar unos impuestos cada vez más abusivos. Solo la Iglesia, una parte de la nobleza y aquellos que han medrado en la actual situación, entre los que no deja de haber algunos confesos, parecen verdaderamente complacidos con esta monarquía. Lo importante ahora es que los que no lo están, y aquí incluyo a la mayor parte de los conversos, quieran hacer causa común con nosotros. Por eso, es necesario olvidar las diferencias e intentar acentuar las afinidades. Pero estad seguros de que, tarde o temprano, vamos a enfrentarnos al poder real.

-¿Por medio de la intriga, la conjura o el regicidio?   -inquirió Rojas sin poder evitarlo.

-De momento, amigo mío, nuestras únicas armas son las palabras y las ideas. Por eso, hemos fundado esta Academia, una especie de Universidad oculta y paralela a la de allá arriba, directa heredera de la que, en su día, creó Hércules en esta misma cueva.





Plaza mayor de Salamanca con cúpula clásica


La conversación termina con una excelente apología del Renacimiento: reformas y contrarreformas religiosas, monarquía electiva, preeminencia de los estudios grecolatinos, antropocentrismo frente al teocentrismo, Humanismo, en definitiva, que Luis García Jambrina conjuga excelentemente en el siguiente párrafo:

-¿Y cuál es vuestra doctrina?   -preguntó Rojas, con verdadera curiosidad.

-Para explicárosla, haría falta mucho tiempo. Pero, a modo de conclusión, os diré que somos partidarios de una monarquía electiva donde puedan convivir las diferentes religiones y creencias y donde exista un reparto más justo de los deberes y los privilegios. Asimismo, queremos reformar la Iglesia, revisar sus dogmas, sus métodos y su jerarquía. Por último, somos totalmente contrarios a la escolástica y a la preeminencia de los estudios teológicos; por eso, propugnamos una vuelta a la antigüedad romana y griega y un programa en el que el hombre sea el verdadero centro de nuestras enseñanzas. Nada hay, pues, de mágico, hermético o diabólico en nuestra cueva; todo es aquí muy humano. En una época en que Salamanca y su Universidad se resisten a salir de la oscuridad, este lugar subterráneo representa, paradójicamente, la única luz y esperanza posible.


Aquí lo dejo. De trama profundamente cinematográfica, esta novela nos propone un sorprendente viaje por esa deliciosa Salamanca medieval. Les aseguro que participa del suspense, el misterio y la acción detectivesca,  fundamentalmente. Pero ya me conocen, siempre me quedo con lo filosófico, lo introspectivo, el sentimiento y la crítica. La seductora acción de esta trama se la dejo a ustedes para que la disfruten.


Reseñas periodísticas de la novela:

«Una novela que respira y transpira inteligencia sin hacer alarde de ella. La mejor novela del año.» Tino Pertierra, La Nueva España

«Resulta difícil, cuando se va leyendo esta buena novela, no pensar en El nombre de la rosa, de Umberto Eco, y lo digo para resaltar sus cualidades, ya que el italiano dio un giro muy inteligente a la novela histórica.»
J. M. Pozuelo Yvancos, ABC Cultural

«García Jambrina convierte en éxito un thriller con Fernando de Rojas como personaje.»
Miguel Ángel Villena, El País

«El manuscrito de piedra combina a la perfección la estructura clásica de novela detectivesca con un conocimiento que se percibe real, profundo y reposado del ambiente salmantino del primer Renacimiento y de la literatura de la época.»
Sergio Vila-Sanjuán, La Vanguardia

«Un escenario y una época que sostienen una trama negra al mejor estilo Arthur Conan Doyle.».
Paula Corroto, Público


jueves, 12 de abril de 2012

20 PALABRAS DE AMOR Y UN ANTIPOEMA DESESPERADO


Fotografía: M.P.C.


20 PALABRAS DE AMOR Y UN ANTIPOEMA DESESPERADO

Cielo vencido por la lluvia
en la semana más santa del año,
gesta ganada del demonio
a artísticas fes iconoclastas.

Noche del plenilunio de abril,
noche de luna y de nácar,
tras tus negros velos de seda
reaparece un proceloso fantasma
arrastrando cadenas
de  pasión contenida,
de labios huérfanos de besos,
de abrazos que son oasis
en el caótico corazón que habita
el amore egoísta.
Amore, amore,
cobarde amore
pendiendo tus lágrimas de anhelos
en la savia del sauce llorón.

La princesa de ojitos de caramelo
desata su ternura dormida
en su papel de celofán,
mientras la piel busca
el cariño de las horas perdidas
en los laberintos de la belleza compartida.
Cielo e infierno condenándose a amar.





miércoles, 28 de marzo de 2012

CUANDO LA MUERTE VIVE ARRIBA




CUANDO LA MUERTE VIVE ARRIBA


A aquel chico siempre impuntual
con mochila tan azul como sus inmensos ojos extraviados.

A las 8,15, Andoni cogió su mochila y se la echó al hombro. La mañana había colgado en su cielo un sol más brillante que nunca. Cegador, lo calificó Andoni en cuanto subió la persiana de su habitación al despertarse o, al menos, esos eran los gritos de queja ahogados que su retina emitía esa mañana que, cada vez con mayor frecuencia, eran “cada mañana”.

Antes de salir hacia el instituto, fue a besar a su madre  quien se encontraba en la cocina removiendo pausadamente un café bien cargado, somnolientamente, con una de sus manos apoyada en su mente agotada y a punto de acudir a su trabajo. Esta le recriminó las prisas y el no hacer un buen desayuno antes de incorporarse a clase. Desde que hacía un año se había divorciado del padre de Andoni, cada vez con mayor frecuencia se sentía responsable por partida doble del bienestar y la educación de su hijo, aunque sabía que también desde hacía un año cada vez le costaba mayor esfuerzo incluso cuidar solamente de ella misma. Hay espinas de la memoria que no se conformaban solo con pinchar los dedos sino con desgarrar también cada pétalo de la rosa.

-¿Desayunar? –contestó Andoni con un gesto de repugnancia ante el solo hecho de pensar en ingerir comida-  No, no tengo hambre. Además, ya te he dicho que si llego tarde, la de Lengua me agobiará con uno de sus sermones sobre puntualidad…
- Bien, está bien, hijo, toma esto,  -le dijo abriendo su cartera y extrayendo de ella un billete-  cómprate un bocadillo en el recreo… ¿Me prometes que lo harás, Andoni?

El muchacho cogió ávidamente el billete y lo introdujo con rapidez en el bolsillo trasero de sus vaqueros sin contestar a su madre, dispuesto a salir corriendo de la cocina.





-¡Eh! ¡Un momento!  -le detuvo su madre asiéndole por un brazo e impidiendo que saliera-  Pero, ¿has visto que ojos tienes? ¿Y esas ojeras? –preguntó desconcertada.
- Como las tuyas…  -respondió con desdén Andoni-  ¡De qué van a ser! ¡Te lo he dicho mil veces, mamá! Los vecinos de arriba siguen sin dejarme dormir, no paran de discutir y gritar cada noche; el día que suba  -dijo apretando los puños-  se van a enterar de quién soy… ¿Es que no los has oído anoche?
- Pues… la verdad hijo…  -titubeó su madre que lo último que recordaba eran los dos somníferos que se había tomado como cada noche para poder conciliar el sueño-  creo que…
-¡Bah! ¡Déjame!  -gritó Andoni soltando con un ademán brusco la mano de su madre que sujetaba su brazo-   ¡Si es que no te enteras de nada…!  -le dijo con desprecio mientras salía por la puerta tras un portazo.

Adela, que así se llamaba la mujer que ahora se mordía el labio inferior y apuraba un segundo café, se prometió a sí misma que aquella tarde, cuando regresara del trabajo, subiría al piso de arriba para hablar con esos vecinos que enturbiaban el descanso de su hijo. Hacía dos meses que se habían mudado a ese edificio y aún no había entablado conversación con ninguno de sus inquilinos. Sería la excusa perfecta para ir entreabriendo un poco esa puerta al mundo exterior que ella misma había cerrado con siete candados. Dejó entre los posos del café el sentimiento de irresponsabilidad, que últimamente le amenazaba, se prometió a sí misma no tomar ningún somnífero aquella noche, y se dirigió a su trabajo.

Al final de la mañana, el teléfono móvil de Adela sonó. Tras el auricular oyó una voz suave pero firme de mujer. Se presentó como la tutora del curso de Andoni. Le comunicaba que su hijo hacía un mes que no acudía a ninguna clase del instituto y como las faltas de asistencia no habían sido justificadas, se ponía en contacto con ella. Adela solo pudo articular que se debía tratar de un error.

-No, no es un error, señora, -dijo la tutora con tono serio- , Andoni es menor de edad, por ello, estamos obligados a comunicárselo. Usted mejor que nadie sabrá lo que hacer al respecto. Verá, últimamente, Andoni ha tenido un comportamiento digamos que… anómalo. El Centro posee un psicólogo para…
-Muchas gracias por la información   -le cortó tajantemente Adela que no quería saber nada de esos psicólogos que tan bien conocía por experiencia propia-, le aseguro que Andoni mañana acudirá a las clases, ¿de acuerdo? Gracias.
Fue la última palabra después de cortar la llamada. Estos profesores se creen más listos que nadie… ¿Al psicólogo Andoni por no acudir a clase? ¿Pero qué se habrán creído? Tiene que haber una explicación, sin duda  -se decía Adela mientras recogía nerviosa los papeles de la mesa de su despacho-, Andoni no está pasando una buena época con lo de nuestra separación, a ninguna maestrilla le importa, él será quien me lo explique cuando llegue a casa  -se tranquilizaba Adela mientras se ponía su abrigo dispuesta a regresar a su hogar.

Cuando llegó, se dispuso a preparar la comida. Andoni llegaría enseguida. Pero llegaron las cuatro de la tarde y, por primera vez, Andoni no fue a casa a comer. Adela, preocupada, lo llamó a su teléfono móvil decenas de veces pero se encontraba apagado. No pasa nada, no pasa nada,  -intentaba tranquilizarse-  se habrá quedado a comer en casa de algún amigo y no habrá podido avisarme porque se habrá quedado sin batería… Tranquilízate… -se decía mientras acababa de recoger la mesa. Miró su caja de ansiolíticos en un estante de la cocina y decidió tomarse uno a pesar de no ser la hora indicada. Sin embargo, en el último momento, decidió hacer algo mejor: subiría a visitar a los vecinos de arriba para rogarles que dejaran de hacer ruido a altas horas de la madrugada ya que perturbaban el descanso en su casa. Sí, eso haré, -se dijo mientras se miraba al espejo intentando acicalarse un poco el pelo-  ahora mismo subiré y Andoni podrá descansar esta noche.






Adela subió decidida las escaleras que la separaban del piso superior. Llamó al timbre e intentó suavizar las facciones de su rostro. Nadie contestó. Volvió a llamar. Y lo volvió a hacer cinco veces más, pero nadie respondía. Sorprendida por algo que no esperaba, recordó que el portero del edificio vivía en el ático, así que decidió subir un piso más y preguntarle por quién vivía en el piso superior al que vivía ella. Le salió a recibir una mujer entrada en años, la esposa del portero, la cual le indicó con fastidio que su marido dormía la siesta tal y como lo tenían estipulado en el horario del  contrato con la Comunidad de vecinos.

-Siento molestarles, señora  -intentó disculparse Adela-  solo quería preguntarles por los inquilinos del piso inferior al suyo. Verá, usted sabe que vivo debajo de ellos e imagino que conocerá el problema…  -resultó ser convincente Adela cuando sabía que ella misma no tenía conocimiento del problema debido al poder de sus somníferos-.  Sus discusiones y gritos cada noche molestan tanto a mi hijo como a mí, no hay manera de conciliar el sueño, créame… He intentado hablar con ellos… pero en estos momentos no se encuentran en casa y he pensado que ustedes podrían…
-No sé de qué me está hablando  -sentenció perpleja la anciana-, no sé de lo que me habla. Hace dos años que ese piso está desocupado, nadie vive allí desde entonces, señora… -dijo mirando a Adela de arriba a abajo y pensando que no se encontraba en su sano juicio- Quizás los ruidos provengan de…
-Discúlpeme  -dijo Adela con la cara lívida- debe tratarse de un error… Gracias –se despidió mientras bajaba a trompicones los dos pisos que la separaban de su casa-. Siento haberla molestado…

Adela no salía de su desconcierto. La llamada del instituto, la inexistencia de vecinos ruidosos, ¿qué era lo que estaba pasando? A medida que bajaba las escaleras en dirección a su piso, oyó unos gritos pero que, ciertamente, no provenían del piso inmediatamente superior al suyo sino de su propia casa. Introdujo asustada la llave en la cerradura y al abrir la puerta se encontró con Andoni retorciéndose encima del sofá y con las manos apretando sus oídos.

-¡Mamá! ¡Diles que se callen, por favor! ¡Diles que dejen de gritar! ¡Mamá, no lo soporto! ¡No quiero oírles más! ¡Qué se vayan, qué me dejen! ¡Por favor, mamá, haz algo, por favor!  -sollozaba Andoni entre gritos.
Adela abrazó a su hijo temblando e intentó calmarle.
-¡No pasa nada, Andoni! No hay nadie que grite, hijo… Cálmate… Ya pasó, cariño, ya pasó…

Andoni, con los ojos completamente extraviados, se aferraba con fuerza a Adela. Esta consiguió llevarlo a su habitación y acostarlo sin dejar de acariciar su sudorosa frente. El muchacho entró en un interludio a su delirio y Adela, entre lágrimas, le besó los ojos desorbitados que acababa de cerrar. Se dio cuenta de que el cajón de la mesilla de su hijo estaba abierto. Soltó la mano de este y se acercó a su interior: un firmamento de pastillas multicolores de diferentes formas se enredaban unas con otras entre tebeos, lápices de colores y la colección de coches Ferrari en miniatura que tanto le gustaban a Andoni siendo niño. Infancia aniquilada por el éxtasis de la adolescencia. Adela se llevó la mano a la boca intentando reprimir un grito…





-Tú también las tomas, mamá…  -balbució Andoni con una media sonrisa de ojos extraviados- A continuación, volvió a ser presa del pánico cuando las voces, esas voces, volvieron a adueñarse de su mente, de sus oídos, de sus ojos, de su mirada, de sus lápices de colores, de sus Ferrari, de su juventud, de sus sueños…

Andoni ya no va al instituto. Tampoco ha vuelto a comer en casa. Ya no oye las voces de los vecinos de arriba, en realidad, tampoco es capaz de oír la suya propia. Sus ojos azules vagan por algún lugar de ese firmamento de abigarrados colores falaces que intentan brillar en la inmensa oscuridad, a la deriva en algún agujero negro interestelar.